La falsa creencia en la que caemos al pensar que tu mente puede curar las enfermedades que uno posee o creer ciegamente que pidiendo a Dios que nos cure, todo lo que nos aqueja se nos pasara, pero a estas alturas de la vida no podemos confiar de manera vehemente y fervorosa en la fe; la ciencia se ha impuesto en lo relacionado a la medicina así que, ir a un hospital es necesario para curarnos de cualquier enfermedad.
"Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él". Mahatma Gandhi (1869-1948); político y pensador indio
miércoles, 28 de julio de 2010
PAGINAS DE PAULO COELHO
domingo, 18 de julio de 2010
26 CUENTOS PARA PENSAR, Jorge Bucay
26 CUENTOS PARA PENSAR, Jorge Bucay
LA MIRADA DEL AMOR
El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.
Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-Esto es verdaderamente amor filial. No le importó su vida para cuidar a su madre!! Es maravillosa!
Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.
-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
-Lo son- dijo la princesa y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta.¿no es fantástica?
Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.
Sentado con su amigo más confidente, le decía:
-Nunca se portó como una reina… ¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.
A veces el amor que sentimos hacia esa persona especial se desvanece de la nada, y solo nos queda el recuerdo de lo vivido que en esos momentos fue lindo pero que ahora lo vemos como una falla, he ahí las dos caras de amor.
LA TORTUGA GIGANTE, Horacio Quiroga

Narra la historia de un hombre, que vivía en Buenos Aires, que un día se enfermó y su doctor le dijo que para curarse tenía que vivir en el campo. Un amigo suyo, que era dueño de un Zoológico le propuso que se vaya a vivir al monte que se encontraba en su Zoológico; así sucedió y el hombre fue a vivir al monte.
Pasaron los días y el hombre se adecuo a la vida que llevaba, cazaba animales para comer, dormía al pie de los árboles y cuando hacía frío construía hamacas con hojas de palmera para dormir. Hasta que un día cuando se encontraba cazando vio que un inmenso tigre acechaba a una tortuga, el hombre al ver esto atacó al tigre y se dispuso a comerse a la tortuga pero al verla toda débil y casi moribunda decidió llevársela para curarla. Así pasaron los días y el hombre curaba las heridas de la tortuga y le daba palmazos en el hombro para tratar de reanimarla, hasta que un día el hombre cayó mal y ya no se levantaba de su hamaca y la tortuga al ver lo que en su momento el hombre hizo por salvarla, decide cuidarlo para que se mejore, pero así pasaron los semanas hasta que un día el hombre se despertó y delirando dijo que solo se podía sanar si se iba a Buenos Aires; al escuchar esto la tortuga no dudo en empezar un largo viaje hacia la capital de Buenos Aires, pasaron las semanas y la tortuga caminaba sin dudar; cada ocho horas le daba de comer al hombre y ella se echaba a dormir, hasta que un día la tortuga ya no podía mas, estaba muy débil y esa noche al ver en el cielo una luz se echó a dormir; pero un ratón que se encontraba cerca le preguntó a la tortuga que hacía y ésta le explicó que quería llegar a Buenos Aires para curar a su amigo, el ratón riendo le dijo que ya estaba en Buenos Aires y que la luz que veía era de la ciudad. La tortuga cobró más fuerza y terminó su viaje, el director del Zoológico al ver llegar a su amigo lo auxilió y en las próximas semanas logró salvarse. El hombre al saber lo que la tortuga había hecho por él le tomo un gran cariño y ya no quiso separarse de ella.
El Zoológico adoptó a la tortuga y el hombre va a visitarla todos los días.
100 SONETOS DE AMOR PABLO NERUDA
Soneto XXXV
Tu mano fue volando de mis ojos al día.
Entró la luz como un rosal abierto.
Arena y cielo palpitaban como una
culminante colmena cortada en las turquesas.
Tu mano tocó sílabas que tintineaban, copas,
alcuzas con aceites amarillos,
corolas, manantiales y, sobre todo, amor,
amor: tu mano pura preservó las cucharas.
La tarde fue. La noche deslizó sigilosa
sobre el sueño del hombre su cápsula celeste.
Un triste olor salvaje soltó la madreselva.
Y tu mano volvió de su vuelo volando
a cerrar su plumaje que yo creí perdido
sobre mis ojos devorados por la sombra.
Trajo el amor su cola de dolores,
su largo rayo estático de espinas
y cerramos los ojos porque nada,
porque ninguna herida nos separe.
No es culpa de tus ojos este llanto:
tus manos no clavaron esta espada:
no buscaron tus pies este camino:
llegó a tu corazón la miel sombría.
Cuando el amor como una inmensa ola
nos estrelló contra la piedra dura,
nos amasó con una sola harina,
cayó el dolor sobre otro dulce rostro
y así en la luz de la estación abierta
se consagró la primavera herida.
CHILENISMOS DE USO CORRIENTE, ABEL NARANJO VILLEGAS
ACHAPLINARSE. Anglicismo. Aplicación de Charles Chaplin.
Se dice del estado de perplejidad ante una situación
inesperada, cuando se vacila entre hacer o no hacer, nada.
"Le dije tal cosa y se achaplinó". "No se achapline", un poco
por el "no se acobarde" nuestro.
AL TIRO. Inmediatamente. "Voy al tiro", "Salgo al tiro".
BOCHE. Reyerta. "Se armó el boche". Originario de Chile,
está ya generalizado en casi toda América.
CABEZÓN. Se aplica para denominar un alto grado de alcohol.
"Este ponche está muy cabezón", "No lo sirva muy
cabezón".
CACHAR. Anglicismo, de to catch 'coger', por 'sorprender'.
"Lo cachó haciendo tal cosa". De la persona muy lista se
dice que "tiene cachaderas".
CACHUREO. Un objeto usado. El negocio de comprar y
vender cosas usadas.
CABRIADO. Cansado. Indistintamente se dice haberse cabreado
o cabriado por 'haberse fatigado'. "Me cabrié de
esperarlo". No tiene, pues, la significación colombiana de
'ponerse bravo', 'indignarse', sino de 'cansarse'.
CAUSEO. De un guiso peruano. Comida ligera. Causear
se dice de comer a deshoras ciertas cosas ligeras.
COÑETE. Tacaño. Se dice de persona avara que es coñete
CURADO. Borracho. Estar pasado de alcohol se dice curado
CHOREO. Reclamo inoportuno o sin derecho. Con su correspondiente
verbo: "No chorre".
CHURRO. Mujer joven, hermosa y de cuerpo grácil. "Qué
churro". También a la inversa lo dicen las mujeres del hombre
joven bien dispuesto.
DIJE. Equivale a 'encantador', referido a persona. "Fulano
o fulana es muy dije".
GUAINA. Del quichua huayna, que significa 'joven' o
'mancebo', pero se aplica a los dos sexos.
GUACHAPEAR. Hurtar una cosa pequeña. "Me guachapearon
el bolígrafo".
GUACHIMÁN. Anglicismo de watchman 'guardián'. Del
que vigila y cuida durante la noche se dice que es guachimán.
GUACHO. Del aimará huajeha 'huérfano'. Del bastardo
se dice que es un huacho.
GUATA. Del araucano huata 'panza, vientre'. Se aplica
por extensión a las personas que tienen vientre pronunciado.
Equivale a nuestro barrigón. Cuando la persona es muy propincua
de panza, se dice de ella: "el guatón fulano". Si uno
está engordando mucho, se dice que "está echando guata".
LUQUEAR. Anglicismo que viene de loof{ 'mirar'. A quien
está mirando se le dice que está "luquiando".
MACETEADO. Se dice del hombre corpulento y macizo,
bien conformado. Viene de maceta, martillo que se usa en
las canteras, por lo que se sugiere que es 'tallado'.
PALO GRUESO. Se aplica a la gente de pro. Los que tienen
gran posición social se llaman palo gruesos.
PICHIRUCHE. En araucano, 'despreciable, insignificante',
persona que vale muy poco.
PICHINTUN. En araucano, significa 'un poco'. "Déme un
pichintun" 'regáleme un poquito'.
POLOLEAR. Viene de pololo que es un insecto semejante
a la abeja que extrae polen de flor en flor, sumamente inquieto.
De allí se extendió al don juan o galanteador de las mujeres,
hasta asimilarse a pretendiente. "Fulano es pololo de
la fulana". "Están pololeando" 'están de novios'. "La polola
de fulano" 'la novia de . . . ' .
ROTO. Araucano o quichua, rut-chicu, operación que practicaban
los quichuas en los niños cuando cumplían cinco
años y que constituía una ceremonia ritual de cortarles el
cabello de la cabeza y el del cuerpo. Se apocopó, suprimiéndole
el chicu y quedó paulatinamente el rotu en roto, para
designar cariñosamente al hombre del pueblo cuando es aventurero,
audaz, marrullero, valiente y, de todas maneras, simpático.
Benjamín Subercaseaux define muy bien la actitud
del palo grueso chileno frente al roto, con quien gusta dialogar
(Chile o la loca geografía).
TINCA y TINCARSE. 'Presentimiento' y 'presentir'. "Me tinca
que va a ocurrir esto", "Me tinca que es fulano o zutana",
"Tengo la tincada de ...".
“El uso correcto de los términos” Por Luis Jaime Cisneros"
“El uso correcto de los términos”
La iniciación del año escolar y la próxima reanudación de los cursos universitarios convocan a reflexión. Estas últimas semanas hemos asistido a varias demostraciones sobre el interés suscitado por los temas pedagógicos.
Mi reflexión quiere insistir en el uso correcto de algunos términos. Por lo general, los filólogos solemos frecuentar libros relacionados con disciplinas distintas de la nuestra. Puedo interesarme por asuntos relacionados con la física. Pero no puedo enseñar física. Me agrada leer textos filosóficos, pero no estoy capacitado para enseñar filosofía. De otro lado, si no continúo leyendo (y releyendo) libros y artículos vinculados con el campo filológico, no estaré actualizado y seré un profesor en bancarrota que perderé autoridad ante mis colegas y lesionaré el aprendizaje de mis estudiantes. Es necesario, como se ve, no confundir los términos. Esa confusión debemos resolverla cuanto antes, porque persiste en círculos pedagógicos y suele originar problemas. Lo acabamos de comprobar a propósito de la reciente evaluación magisterial. Celebro el acierto con que la autoridad ha manejado la situación, y siento que debo ayudar en lo posible.
Por lo pronto, debo defender el uso correcto de los términos. El Estado debe ofrecer cursos de actualización y perfeccionamiento para garantizar que sus maestros ofrezcan una enseñanza de calidad. Pero los cursos de capacitación los reciben los estudiantes en la escuela técnica respectiva, no los maestros. Una escuela normal capacita para la docencia. El que egresa está capacitado y, si tiene buen puntaje, merece que el Estado lo incorpore al magisterio. Si se especializó en lenguaje y literatura, pues a enseñar eso, y no química o anatomía. Eso es lo primero. La calidad comienza a asegurarse con la especialidad. La escuela técnica asegura la capacitación.
El que no está capacitado no tiene nada que actualizar, nada que perfeccionar. Sólo puede perfeccionarse el que tiene asegurada una aptitud para el oficio.
Estas aclaraciones son importantes, máxime cuando estamos resueltos a una verdadera reforma educativa. Obtenida la licencia, al graduado le queda, como única y permanente opción, perfeccionarse. Si yo enseñara lo que aprendí en la universidad, y sólo eso, mis estudiantes tendrían una información centrada en la primera mitad del siglo XX. En la universidad no oí hablar de los ovnis, ni de Heisenberg, ni de Barnard. Chomsky no figuró entre mis autoridades. Si Bertrand Russell fue un obligado descubrimiento de mis cursos lingüísticos, Wittgenstein fue un regalo posterior. Estoy reconociendo que el Estado debe propiciar, como obligado estímulo, cursos de actualización y de perfeccionamiento. Ese perfeccionamiento beneficia al estudiante, garantiza la calidad, enriquece al profesor y lo confirma en su vocación. En la dimensión temporal, quien enseña nunca está paralizado; siempre está avanzando hacia el horizonte. El conocimiento siempre está por alcanzarse: es una fuerza que nos convoca y atrae. Cuando el espíritu está con nosotros, comprobamos que el tiempo es oro.
Quizá algún lector se inquiete porque no digo nada sobre la lectura. Uno no se actualiza y perfecciona solamente porque asiste a cursos de perfeccionamiento. Si no hay lectura, y lectura compartida con crítica y debate, no hay progreso ni perfeccionamiento. La lectura no es un estímulo para la memoria, sino para la inteligencia. Muchos profesores piensan que la lectura debe ser un complemento de las clases. Lo creí durante mucho tiempo, alentado por mi propia experiencia estudiantil. Fui advirtiendo otros horizontes en universidades europeas, y descubrí el valor que podía tener la lectura compartida en alta voz. Mi idea del expositor magistral empezó a congraciarse con la del profesor lector: lectura compartida en el aula con el estudiante. Traigo a colación dos ejemplos, recogidos en universidades francesas y alemanas.
Primer ejemplo: el profesor lee en clase determinado capítulo de un libro cuyo texto ha sido repartido previamente. Otras veces, los estudiantes asisten con el libro. Se lee en alta voz, en un ritmo que permite detenerse ante dudas y preguntas. Se discute sobre lo leído. Leer es una manera de aprender a discutir.
Segundo ejemplo: se organiza un seminario en torno de un tema específico, y cada sesión se dedica a leer un artículo a cuya discusión se dedican las sesiones necesarias. La lectura está a cargo de los participantes, y la discusión es dirigida por el profesor. Se trata de comprobar que hay lectura efectiva cuando hay análisis efectivo. Se comprende que nadie puede asistir a esta experiencia si no está capacitado. La lectura, analizada y discutida, abre paso al conocimiento. Leer no tiene como objetivo memorizar lo leído.
Lo que se busca es conmover el ánimo, estimular la inteligencia, propiciar la crítica. En ese trajín se abre paso el conocimiento. Ese es el objetivo de un curso de actualización.